¡Buen Camino!

¡Buen camino!

Reza el saludo… En ocasiones bien pronunciado, en otras siendo las dos únicas palabras que conocen de nuestro idioma, pero en todo caso se dice, y puede que se trate de un deseo de empatía, de conocimiento del sufrimiento que conlleva el camino independientemente de allá de donde vengas, independientemente de la forma física en la que te encuentres o los años que arrastres en la mochila.

Originalmente se trata de una peregrinación, hay quien se lo toma como una escapada turística, hay quien puede tomárselo como un reto puramente deportivo… Pero me da la sensación después de haber vivido en primera persona el Camino de Santiago que el mayor porcentaje de “peregrinos” está allí en busca de algo más, muchas veces sumidos en batallas internas de inmenso calado, otras queriendo ordenar ese desorden que se puede producir en nuestro interior en diversas fases de la vida, y otras huyendo de algo y buscando refugio en personas hasta entonces totalmente desconocidas.

Debo reconocer que yo me he centrado más en este último grupo, que en aquellos que se toman esto como un reto deportivo, de hecho en numerosas ocasiones cuando te ven con la bici de carretera se te acerca más de uno que inmediatamente después de dar los buenos días te preguntan que ¿cuántos kilómetros haces al día? O que si es más o menos duro que hacerlo a pie o en bici de montaña… Huyo, huyo inmediatamente, no quería tomarme el camino como un reto deportivo, la competición me quemó hace ya mucho tiempo y hoy solo quiero disfrutar de la otra faceta del ser humano, aquella que rebosa empatía y humanidad, aquella que se enfoca más en preguntas del tipo “¿qué te ha traido hasta aquí?”, o “¿estás disfrutando el día a día?” independientemente de que quieras hacer el camino en 5, 10 o 40 días.

De estos gracias a Dios he encontrado un montón, la mayoría… Supongo que es porque es a ellos a los que más me acercaba.

El día cuando vas solo y en bicicleta es fácil que se divida en, desayuno, horas y horas de bici, y charla nocturna en buena compañía.

 

Ver “el Camino de Santiago por Aragón (en 8 imágenes)”

 

El aspecto personal

Y de todo el camino me quedo con dos aspectos que me han hecho disfrutarlo plenamente, el primero el personal, el ponerme a prueba no solo física sino psicologicamente y ver como el ser humano es capaz de esto y de mucho más, a veces nos exigímos muy poco, pero podemos dar mucho, mucho más de lo que creemos. Llevo años pedaleando, pero hasta ahora siempre había huido de los puertos de montaña, en el camino no te queda más remedio, no tienes escapatoria… Y existe un puerto, O Cebreiro, que su perfil asusta desde el primer día que lo ves antes de empezar el camino, tenía claro que lo subiría a píe acompañando a la bicicleta… Pero conforme avanzas y vas superando otros pequeños montes y montañas piensas que por qué no, que quizás si lo intentes…

Y llega el día, recuerdo que la noche de antes estabamos de cena, una de esas que dificilmente olvidaré, en la mesa una pareja de Miami (EEUU) que estaban pensando en irse a vivir en una ONG a Filipinas dejando atrás una vida de calidad y de confort a cambio de un salario más que ajustado, también en la mesa un holandés que tras años de matrimonio y teniendo 2 hijos de más de 20 años de edad, su mujer se encariña de otro hombre, y él con toda la humanidad del mundo nos decía que todavía la quería, pero que hacía el camino por darle la oportunidad de ver si podía o no vivir si él, o si la ruptura era dfinitiva, y por último un polaco residente en Barcelona que trabaja como analista financiero para una gran empresa, decepcionado, sin ilusión por el dinero pero mucha por la vida, decide tomarse mes y medio y hacer el camino a pie como terapia. En esa mesa hubo de todo, pero sobretodo muchas risas, risas de aquellas que te hacen darte cuenta de la grandeza de la vida pese a sus grandísimas dificultades, y entre risas y risas de vez en cuando miraba por la ventana del restaurante mirando de reojo O Cebreiro.

Al día siguiente creo que fue el primero que ni me levanté cansado, ni tenía dolor de espalda, ni siquiera ese dolor de rodilla que empecé a tener el segundo día… Me encontraba perfectamente. Empecé a pedalear intentando recordar la lección que aprendí en una clase de doma de caballos, “si queremos acabar rápido, hagamoslo despacio”, así que aunque estaba ansioso por subir decidi ir poco a poco, sin axfisiarme, y bien que hice así, ya que a mitad el puerto se endurece muchísimo, tenía la sensación de tener a un tipo enganchado a mi rueda trasera, o de que la rueda trasera estaba totalmente pinchada, cada pedaleada que daba no conllevaba ninguna inercia, apenas movía la bici… Y estuve a punto de bajarme, pero no se si fue el apostol Santiago, las manos de mi padre, o la alineación de los astros… El caso es que me puse en pie y gritando, gritando y llorando… Y dándolo todo en cada pedaleada quise intentarlo. Me había obsesionado con ese puerto desde antes de empezar, y ese era el día, y ahora recordando el momento entre lágrimas recuerdo como por el camino fui dejando a una pareja de alemanes con los que luego compartiría más de una cena, a una pareja de maños en un tandem, Manolo y Jose Luis, el último invidente desde hace 9 años debido a una enfermedad fue para mi todo un ejemplo de superación y actitud ante las dificultades, una pareja de valencianos con bicis de montaña sufriendo de lo lindo, y un matrimonio de 76 años de edad que utilizaban bicis eléctricas, si eléctricas… Pero 76 años, ¡leíste bien!

Con todo llegué a la cima, recuerdo que mordía con fuerza la mandíbula para no emocionarme desde que ví el cartel de “Alto d’O Cebreiro – 1300mts”, pero fue imposible, muchos recuerdos sacudían mi mente,  y era dificil pasar por allí con frialdad, así que decidí disfrutar el momento, me tumbé en el suelo y disfruté.. Y esperé, esperé a que viniese el resto… Y así fueron llegando primero el matrimonio de las bicis eléctricas, más tarde los maños en el tandem, y por último los dos alemantes seguidos de los valencianos. Juntos nos abrazamos, nos reimos y disfrutamos el momento, sabíamos que ese era el punto más duro de todo el camino y que si eramos capaces de hacerlo podríamos con todo.

Por supuesto que en el ascenso me paré, paré en Piedrafita d’o Cebreiro a 4kms del alto, repuse fuerzas y seguí, y antes de Piedrafita había parado en otra pequeña aldea. Pero la satisfacción de estos días no es la comparativa con nadie, seguro que ese día habría algunos que subirían más rápido, y seguro que cada día hay unos cuantos de esos, lo que te llena de verdad es el ver que algo que te daba miedo eres capaz de superarlo.

 

El aspecto social

Si bien el primer factor de satisfacción es el personal, tus retos, tus miedos… Y la superación de ambos. El segundo aspecto que me llenó de este viaje es el social, el ver lo más humano de esta sociedad es realmente satisfactorio.

Hubo un argentino que regentaba uno de los albergues en los que pude dormir, y que acabé cenando con él y con su señora, pues este argentino como el 98% de los argentinos, llevaba un filósofo dentro de sí, y me comentó su teoría sobre el camino, decía “vos verás que el camino se divide en tres fases, las tres espléndidas, las tres intensas, pero básicamente son las siguientes… La primera fase, la del agotamiento físico, es aquella en la que tu cuerpo se lleva el susto de los primeros días, muchos kilómetros y el cuerpo debe ir adaptándose… Superada esta fase viene la segunda, la fase del reto psícológico, suele coincidir con los llanos de la meseta, los cuales son una tortura para cualquier ser humano, y es una fase en la que te vienen dudas, dudas sobre si seré capaz de acabarlo, y dudas de si realmente estoy disfrutando esto tanto como me dijeron, o llega a ser lo que pensé… Y por último entramos en la tercera fase, la cual suele ser pasado León, ya cerca de Galicia, la fase del ensalzamiento, no sufres ni el cansancio físico ni el agotamiento psicológico, te ves cerca de Santiago y existe un algo que te ayuda en cada kilómetro que recorres”.  Yo sostenía mi cerveza, a la vez que le escuchaba incrédulo… En aquel entonces yo creo que estaba finalizando la primera fase, por lo que me costaba creer que mi historia fuese a ceñirse a su análisis, pero fue así, debo reconocer que Hernán tenía razón, al menos en mi caso se cumplen a rajatabla.

La cena con Hernán y su pareja, una chica de Tudela que se alegró muchísimo de ver un cachirulo por tierras castellanas, fue una de esas cenas inolvidables, es agradable encontrar gente así en lugares tan inesperados. El día anterior también cenaría a gusto, sería en un albergue en Grañón en el cual nos sentarían a todos los peregrinos juntos por aquello de hacer grupo, y en el grupo el único español era yo, rodeado de australianos, franceses, ingleses y alemanes disfruté charrando y pasando una velada, cuando menos distinta. Más tarde saldría a la terraza con los dos camareros los cuales agradecieron el tener a un maño por allí, ya que según me decían el camino en estos meses es básicamente turismo extranjero… Muchos motivados por una película llamada “el camino” que ha llegado a ser un best seller en los EEUU y atrae turismo en masa, no deja de sorprenderme.

Como esas cenas hubo más, aunque también las hubo en las que me tocó cenar solo, albergues en los que la gente se acostaba pronto o eran grupos más cerrados, pero en todo caso y en la mayoría de los casos nunca tuve sensación de soledad.

La penúltima cena en grupo fue la que comenté antes, justo antes de O Cebreiro, maravillosa, solo a la altura de la cena que tuvimos en Santiago con Markus y su hijo Nils, y Susana. Markus y su hijo son los dos alemanes con los que continuamente coincidia en el camino, decidimos celebrarlo juntos y fue un acierto. Y Susana una chica alegre que conocí justo el último día en el último monte, al poco de saludarme, yo estaba descansando, nos separamos  y acabé llegando a la plaza de Obradoiro, al rato me encontraría de nuevo con ella y al poco los alemanes, allí nos echamos unas risas diciendo que queríamos ver la photo-finish para ver quien realmente llegó antes ya que lo hicimos por calles distintas al haber trazado distintas rutas por la emoción de llegar a la Catedral de Santiago de Compostela.

En el camino gente a la que no llegué a conocer, pero que no puedo evitar sonreir al pensar en ellos… Como aquella pareja que alguien me contó, compuesta por un vasco y un andaluz, de 20 y 40 años, o 40 y 20 años no se bien quien era quien… Que cargaban como equipaje una guitarra y una barbacoa, y que allá donde llegaban como destino convertían en una fiesta a la luz de las estrellas… Entre carne a la brasa y canciones.


Ver “el Camino de Santiago por Aragón (en 8 imágenes)”

 


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